REFLEXIÓN: "TE AMÉ, DÉJAME EN PAZ".

¿Para qué regresan las personas a las que amamos antes y de las que luego nos separamos, sin importar de quién fue la iniciativa? ¿Para qué? La persona que hace uno o cinco años rompió tu corazón, que te dejó llorando, a la que odiabas o a la que ya perdonaste, a la que todavía no has podido olvidar incluso si ya no duele. No duele pero te dejó una cicatriz profunda. ¿Por qué esa persona regresa? Una vez al mes o en seis meses, se quiere comunicar contigo. Un mensaje de texto, un correo electrónico, una llamada. Sólo quiere preguntarte cómo estás, presumir algún otro éxito, invitarte al cine o acostarse contigo para luego mandarte al diablo de nuevo.



Ya no puedo más, es un círculo vicioso. No soy sólo yo la que sufre: él ya está casado, yo también me casé, me divorcié y me volví a casar. Todas las palabras hirientes se han dicho, ya nos disculpamos también. Y ya desde hace mucho tiempo esa persona me es indiferente pero todavía me duele. Todo se resume a esta contradicción: desde hace tiempo no siento nada por él pero todavía me duele. 

¿No te convence? Pero es precisamente lo que siento. Cuando nos enamoramos, abrimos una puerta que lleva directamente a nuestro corazón; es un canal que ya no podremos bloquear. Y cada “ex“ siente esto perfectamente bien; el mío de vez en cuando marca mi número para preguntarme: ”¿Quieres ir al cine?“. Y le respondo: “No. no quiero ir al cine. Quería vivir contigo medio siglo, tener un hijo que se pareciera a ti y morir el mismo día contigo. Y al cine no, no quiero ir”. Bueno, en realidad sólo le respondo la primera frase, lo demás queda en mi mente. Pero sólo le interesa saber una cosa, siempre me llama para preguntar: ”¿Me amaste?“. Y le respondo que sí. Sí, desgraciado; sí te amé. 

Ya hace mucho tiempo que no siento nada por él pero todavía me duele. Después de cada llamada suya necesito hacer una limpieza en mi corazón. No sé qué es lo que tenemos que hacer para que nuestros ”ex" no regresen, para que dejen de atormentarnos. Puedes hablarle tranquila, sin gritar, o simplemente no contestarle el teléfono. Pero en cualquier reacción tuya (incluso si lo ignoras) de todas maneras escuchará la afirmativa respuesta a su pregunta “¿me amaste?”. Sólo me dejan en paz aquellos a los que no amé. Más bien, me llaman pero no les doy importancia. Sólo se me ocurre una solución, y no es que me guste mucho. ¿Tal vez debería empezar a mandarle mensajes de texto yo? Una vez al mes, no cuesta nada, al cabo mi tranquilidad vale mucho más: “Te amé. Déjame en paz”.
Fuente: genial
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