REFLEXIÓN: Cuanto lloras a tus muertos, lloras por ti y no por ellos. !Tienes que leer esto!

Cuando se piensa en la idea de perder a un ser querido sin duda alguna se genera una sensación de pena muy grande, pero esto se debe por la simple razón de que nos aferramos a lo físico.

Siempre pensamos en que no vemos muy seguido a un amigo, familiar o pareja cuando la realidad es que no importa que tantas veces frecuenten si no algo tan simple como la calidad del tiempo que se comparta, ya que esto es lo que va a dar pie a que se genere ese cariño.

Hoy se genera una teoría la cual comenta que los muertos no son aquellos que realmente sufren sino somos cada uno de nosotros los que en realidad nos aferramos a la idea de estar con estas personas para siempre.

Como dejar ir a un ser querido que ya pasó a otro plano


No hay que ver la muerte como una despedida sino como una especie de  tiempo de sueño en el cual no podremos compartir de forma física con la persona pero si podremos soñar y tenerla presente en todo momento.

Aquellos que ya fallecieron según diferentes creencias no se les puede penar porque si se realiza esto, les estamos impidiendo la posibilidad de que realmente descansen y tengan que estar atrapados en nuestro plano esperando resolver algo que queda inconcluso.

Cuando  en realidad es únicamente un deseo exagerado de tenerlos a nuestro lado por el simple hecho de que los amamos, ahora bien, también tenemos que evitar el pensar constantemente en la posibilidad de tenerlos nuevamente a nuestro lado.

Lo que queda pasado es pisado, no podemos aferrarnos a recuerdos ni a momentos, solo podemos atesorarlos en nuestra memoria y saber que todo aquel que llega o está en  nuestra viuda es porque nos tienen que enseñar alguna lección o por lo menos deben hacernos compañía para algún momento que no va ser fácil en lo absoluto.

El punto de esta publicación es poder dejar atrás a aquellas personas que seguirán con nosotros en nuestro corazón pero que ya no pueden estar a nuestro lado bien sea porque ya se cumplió su tiempo o porque algún evento desafortunado nos los quito de nuestras manos.